jueves, 10 de julio de 2014

Maunsell towers

Parece que han salido de una historia de ciencia ficción, pero son reales y en un momento de la historia jugaron un papel muy importante, pues al fin y al cabo muchas vidas dependían de ellas. Hoy vamos a hablar de un enclave muy especial, que sin duda es uno de los preferidos en el mundillo de los aficionados a los lugares abandonados, una comunidad -sin duda un tanto freak- de la que, todo hay que decirlo, en cierta forma ya nos sentimos parte; nos referimos a las fortalezas marinas Maunsell, estructuras defensivas de carácter militar ideadas por el ingeniero Guy Maunsell, de quien toman el nombre. 

Estas torres fortificadas fueron construidas por los británicos al comienzo de la II Guerra Mundial y se enclavaron en los estuarios de los ríos Támesis y Mersey. Estaban integradas en el sistema de defensa ideado por los británicos para protegerse de los posibles ataques navales y aéreos de la Alemania nazi. Estas fortificaciones, que se mantuvieron en permanente ebullición durante el conflicto armado, tenían una gran variedad de funciones, pero entre ellas destacaba su papel intimidador, su apoyo a los sistemas de radar de la Royal Navy y su contribución a la lucha antiaérea (las torres derribaron 22 aviones y 30 bombas volantes enemigas). Fue precisamente el carácter estratégico de estas fortalezas lo que hizo que siguieran siendo operativas bastantes años más, permaneciendo activas hasta finales de la década de los 50. 

Su diseño ―ciertamente futurista― y su destacado papel histórico, hacen que a día de hoy sigan siendo visitadas por turistas y aficionados a la historia. De hecho, ha sido su transformación en recurso turístico lo que ha frenado los proyectos de desmantelamiento que han planeado en más de una ocasión sobre el destino de estas fortalezas. Por nuestra parte, os invitamos a que, si estáis interesados en conocer algo más de las torres Maunsell, realicéis una pequeña búsqueda por internet; encontraréis mucha más información. 

- En la sección Mundo Pedazos del número 3/10 de nuestro fanzine COTARRO.

viernes, 13 de junio de 2014

Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939, una breve reseña



Anarquismo y lucha antialcohólica en la Guerra Civil Española (1936-1939), de Mariano Lázaro, historiador, y Manuel Cortés, médico, es el tercer libelo que publicamos perteneciente a nuestra Serie Transhistorias, la colección de historia social y política de Piedra Papel Libros.

Los autores realizan un interesante acercamiento a un tema que, en general, apenas si se aborda en los estudios sobre anarquismo ibérico. En el artículo, que se publica en formato libelo por primera vez, podemos rastrear el origen del discurso antialcohólico vinculado al movimiento libertario. Un discurso que, al menos durante la Guerra Civil, se vio radicalizado en cierta forma, debido sobre todo a la exigencia de una moralidad intachable que sirviera de cimiento para lograr la victoria en la guerra y la consolidación de proceso revolucionario que puso la economía en manos de los trabajadores y trabajadoras.

No obstante, un aspecto de los que se nos antojan más interesantes de este breve trabajo, es que desvela la contradicción ―vivida con pasión en la prensa libertaria― entre el discurso antialcohólico radicalizado al que aludíamos anteriormente y el sostenimiento por parte de los sindicatos anarquistas de un buen número de industrias vinculadas a la producción de vinos y licores que habían sido colectivizadas previamente. Sería precisamente esa contradicción, junto a otros factores citados en el artículo, la causante de que, a efectos prácticos, la política antialcohólica del movimiento libertario no tuviera un recorrido mayor, quedando circunscrita a los círculos de militantes más comprometidos con la Idea.

Para finalizar, quisiéramos destacar el estilo, riguroso pero divulgativo, con el que está escrito el artículo. Una obra breve que, al menos bajo nuestro punto de vista, invita al lector a interesarse por una faceta del movimiento libertario a menudo invisibilizada por los historiadores cercanos a los paradigmas liberal o neomarxista (que son los que predominan en el ámbito universitario). Esperamos que os guste.
- Reseña publicada en el número 6/10 del fanzine COTARRO.


lunes, 9 de junio de 2014

Urbanismo, espacio y dominación (fragmento)


Diríase que son los cambios constantes quienes han borrado la memoria a la población obrera e invalidado la experencia, las referencias, el criterio y las demás bases de la objetividad y verdad, impidiendo que los trabajadores sacasen las conclusiones implícitas en sus derrotas. Además los cambios han pulverizado a la misma clase obrera, disolviendo cualquier relación y convirtiéndola en masa anómica. Lo cierto es que la adaptación a las exigencias de la globalización requiere acabar con los mismísimos fundamentos de la conciencia histórica, con el propio pensamiento de clase. Para que las masas sean ejecutoras involuntarias de las leyes del mercado mundial han de estar atomizadas, en continuo movimiento y sumergidas en un inacabable presente repleto de novedades dispuestas ad hoc para ser consumidas en el acto.

- De La urbe totalitaria, El Comité Invisible (2007), incluido en Urbanismo, espacio y dominación (La Neurosis o Las Barricadas Ed.).

domingo, 1 de junio de 2014

Hanns Eisler o la vida como una sinfonía incómoda

Portada de uno de sus discos
Teníamos muchas ganas de hablar de él. Siempre simpático, siempre directo, la figura de Hanns Eisler ―a pesar de ser prácticamente desconocida por estos lares― no pierde su brillo en la historia secreta de los artistas rebeldes. 

Eisler fue un compositor de música alemán que comenzó su carrera en la turbulenta República de Weimar. Vinculado estéticamente a la escuela de la Nueva Objetividad, más conocida en pintura por autores como Otto Dix o George Grosz, comenzó a destacar a raíz de componer la música de varias obras teatrales de su amigo Bertolt Bretch. A partir de ahí, sus canciones fueron utilizadas en películas y espectáculos, convirtiéndose algunas (en especial la Canción de la Solidaridad) en verdaderos himnos populares conocidos por todos los trabajadores de los barrios industriales de Alemania. 

Eisler (derecha) junto a Bertol Brecht
Como otros muchos artistas de esta época, la llegada al poder de los nazis le obligó a exiliarse. Eisler eligió emigrar a los Estados Unidos, donde, a pesar de los duros comienzos, se labró un presente brillante, ejerciendo la docencia en prestigiosas escuelas, componiendo música de cámara de carácter experimental e incluso trabajando para la industria del cine. No obstante, la situación cambió pocos años después. Concretamente, la carrera de Eisler en los Estados Unidos se vio truncada debido a que cayó bajo el punto de mira del Comité de Actividades Antiamericanas. Acusado de tener afinidad con la Unión Soviética, en 1948 fue deportado fulminantemente; un hecho que le obligó a buscar refugio en la República Democrática Alemana. 

Allí fue bien recibido en un primer momento. De hecho, Eisler fue el autor del himno de la antigua Alemania comunista. También retomó su labor docente en el conservatorio de Berlín. Pero pocos años después, y tras realizar una versión muy personal de Fausto, se ganó la animadversión de los censores culturales del régimen de la RDA. A partir de ahí, sur relaciones con el gobierno comunista se fueron tensando cada vez más, de tal forma que fue llamado a declarar en más de una ocasión para garantizar su adhesión al régimen. 

Siempre incómodo, la vida de Hanns Eilser podría ser el argumento de una buena película; una vida en la que fue ganando amistades tan valiosas como la de Chaplin o Stravinski. Sus últimos años estuvieron marcados por una profunda depresión, ocasionada, entre otros factores, por la muerte de su gran amigo Bertolt Bretch.

- Publicado en la sección Arte con clase del número 5/10 de COTARRO.

lunes, 26 de mayo de 2014

Breve apunte sobre Diane Arbus

Sin duda alguna, podríamos haber introducido la historia de la fotógrafa estadounidense Diane Arbus en varias secciones de este fanzine. De hecho, su figura se instala en la contrahistoria secreta del arte contemporáneo del siglo XX; y eso a pesar de que su prestigio no haya parado de crecer en los últimos años. 

Diane Arbus empezó su carrera con apenas veinte años. De la mano de su marido, Allan Arbus (de quien tomó su apellido), se inició en la fotografía de moda; una especialización que muy pronto le decepcionó, obligándole a buscar otro tipo de referentes más acordes a su inabarcable curiosidad. En ese sentido, los cursos recibidos de parte de la fotógrafa austriaca Lisette Model y la separación de su marido, le hicieron principiar un camino en solitario marcado por su interés por aquellos sectores de la sociedad menos normalizados. Por eso mismo, Diane se especializó en la realización de retratos de enanos, pacientes mentales, transexuales, gemelos, lisiados o prostitutas, cuyas historias ―cargadas de humanismo― pretendió visibilizar en una sociedad, la norteamericana, en la que, ya a mediados de la década de los 50, el consumo de masas y la publicidad visual empezaban a conformar una identidad colectiva de carácter radicalmente excluyente. 

No obstante, y a pesar de lo arriesgado de su apuesta, el trabajo de Diane Arbus fue reconocido desde bien temprano, llegando a exponer en la Bienal de Venecia o en las salas del MoMA de Nueva York. Un prestigió que, por otro lado, le permitió fotografiar a iconos de la cultura de la época como Norman Mailer, Mae West o Jorge Luis Borges. Desgraciadamente, la fulgurante carrera de Diane Arbus se cortó de raíz a los cuarenta y ocho años debido a su suicidio. Durante meses había padecido una severa depresión de la que no pudo salir. 

- En la sección Pinceles y objetivos del número 5/10 del fanzine COTARRO.

lunes, 19 de mayo de 2014

Presentación en Jaén de la revista CONTRAHISTORIA


En más de una ocasión hemos hablado en este blog de la revista CONTRAHISTORIA. Pues bien, el próximo viernes, a las 21:00, la CNT de Jaén ha organizado una presentación del proyecto y del último número de dicha revista en su local, ubicado en el número 3 de la calle Los Ángeles, junto a la Escuela de Artes y Oficios. 

Sin duda alguna, una convocatoria más que interesante que desde aquí os animamos a que no os perdáis.

sábado, 3 de mayo de 2014

Johann Trollman, "Rukeli": un bokeador gitano contra los nazis



La historia de Johann Trollman, apodado Rukeli, el boxeador gitano que se enfrentó a los nazis, es una historia épica, aunque también muy trágica.

Rukeli se consolidó como boxeador a finales de la década de los 20. Su estilo se caracterizaba por un veloz juego de piernas y una extraordinaria facilidad para esquivar golpes. Fue precisamente su gran movilidad la que le hizo tomar ventaja en muchos de sus combates.

La carrera profesional de Rukeli fue progresando poco a poco. Por otro lado, al prestigio adquirido como boxeador técnico y escurridizo, se le fue sumando un carisma personal que, por ejemplo, ocasionaba que al final de sus combates se agolparan decenas de seguidores ―y seguidoras― tan solo para verle un poco más cerca.

Su momento estelar llegó en 1933, ya con los nazis en el poder, cuando combatió con Adolf Witt, un pegador racialmente impecable, por el título de los semipesados. Rukeli, que utilizó su agilidad y baile de piernas para marear a Witt, ganó a los puntos al sexto asalto, llorando de felicidad en el ring. Pero, una semana después, los jueces nazis le retiraron el título por “pobre comportamiento” (llorar) y “mal boxeo” (ser rápido), una decisión que enmascaraba la indignación que sentían al ver a un campeón gitano. La pelea tuvo que repetirse, pero con orden estricta para Rukeli que le impedía bailar en el ring. La pelea se celebró, pero Rukeli se presentó con el pelo teñido de rubio y el cuerpo cubierto de harina para blanquear su piel. Además, el boxeador gitano se situó en el centro del cuadrilátero, abrió las piernas y se quedó parado, para que su rival, favorecido de antemano por los jueces nazis, pudiera noquearlo fácilmente, acabando así con un enfrentamiento injusto que pasaría a la historia por el terrible gesto de dignidad del boxeador gitano.

Posteriormente, Rukeli, como otros cientos de miles de gitanos de toda Europa, fue internado por los nazis en un campo de concentración. Allí siguió boxeando. De hecho, fue una pelea la causa directa de su muerte, pues fue un kapo (presos que trabajaban para los nazis) quien lo asesinó, apaleándole hasta la muerte después de que el boxeador gitano le hubiera derrotado limpiamente. Rukeli murió con los guantes puestos.

En 2003, la Federación Alemana de Boxeo entregó a sus descendientes el cinturón de campeón del peso semipesado que le pertenecía en justicia. En Hamburgo como en Berlín, hay monumentos a su memoria.

- Publicado en el número 2/10 del fanzine COTARRO.
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