lunes, 23 de mayo de 2011

The Spanish Revolution (75 aniversario)


Hace 75 años, tirados en la calle contra el levantamiento de los militares sublevados contra la II República, los trabajadores y trabajadoras del Estado español iniciaron un proceso revolucionario que, contra viento y marea, fue capaz de cambiar de cabo a rabo las bases económicas, políticas y culturales sobre las que se levantaba la sociedad de la época. En las provincias donde se logró frenar el golpe de Estado, especialmente en Cataluña, el proceso revolucionario conllevó la ocupación y autogestión de miles de fábricas, talleres, campos, etc. Los aparatos de poder político ligados al Estado fueron desbordados por las asambleas y organismos de gestión de los sindicatos. La CNT, cuya militancia (la más numerosa entre las organizaciones obreras del Estado) venía preparándose para el momento durante años, trabajó para que la revolución social estuviera en la base del espíritu combativo de los obreros desplazados a los frentes, pues solo un proyecto societario radicalmente enfrentado al liberal-burgués representado por el republicanismo podría mantener el ánimo de un pueblo que aspiraba a ganar la guerra para ganar la revolución social. Un proyecto de autogestión económica y política que se desenvolvió en un contexto evidentemente hostil, pues a los condicionantes impuestos por la coyuntura de la guerra (esfuerzo bélico, sangría de recursos humanos, bombardeos, quintacolumnismo, etc.) se le sumó la oposición más que manifiesta a dicho proyecto revolucionario de todos los sectores políticos del bando republicano (excepto el POUM, cuyos militantes sufrieron el mayor proceso represivo llevado por el estalinismo fuera de las fronteras de la Unión Soviética).

Poco sabe la mayoría de la gente de esa revolución... Los cuarenta años de dictadura, la pérdida de peso político del movimiento libertario en el Estado español y el desembarco en las cátedras de Historia de las universidades de la historiografía marxista (que bien se ha encargado de borrar la memoria de esta Revolución sin líderes ni vanguardias) lograron que la Revolución española, estudiada en medio mundo como paradigma del modelo social del anarquismo, haya desaparecido de la memoria colectiva de la ciudadanía.

Aquí estamos nosotros para recordarlo.

lunes, 9 de mayo de 2011

El cine libertario




Al estallar la guerra civil española en julio de 1936, el sindicato anarquista CNT socializó la industria del cine en España. En Madrid y Barcelona los trabajadores del cine asumieron, a través del sindicato, los bienes de producción y se produjeron numerosas películas. Esto dio lugar a un período único que no se ha vuelto a producir en ninguna otra cinematografía mundial. Pese a que el país estaba sumido en una cruenta guerra, entre 1936 y 1938 se rodaron y estrenaron películas de muy variada temática: dramas sociales, comedias musicales, filmes de denuncia y documentales bélicos. Todas ellas componen un variado mosaico que da lugar a uno de los momentos más insólitos y originales de la cinematografía española. A través de la opinión de distintos expertos, así como del testimonio del director de fotografía y restaurador español, Juan Mariné, el documental recorre cada una de las producciones que constituyen un legado excepcional de la cinematografía española. Fue un periodo muy efímero durante el cual los guionistas, los directores, los técnicos y los actores españoles demostraron una de las máximas del mundo del espectáculo: pese a los bombardeos, el hambre y el drama de la guerra, el espectáculo debía continuar, y continuó.

-El texto viene directamente de aquí.

lunes, 18 de abril de 2011

Europa, ese tablero de ajedrez convertido en Monopoly


No, definitivamente no tengo ni la más remota idea de dónde saqué esta imagen. Recuerdo que era de un blog de historia militar, pero no estoy seguro. Creo que aparecía en una revista alemana del periodo de entreguerras (1919-1939), aunque tampoco puedo asegurarlo. De todas formas, me interesa hablar de ese mapa, sí, porque muestra las dimensiones de los ejércitos de las naciones europeas en un momento en el que todo podía estallar por los aires...

Efectivamente, el 1 de septiembre de 1939, apenas medio año después de que acabara la Guerra Civil, las divisiones alemanas penetraron a todo tren en Polonía. 1 de septiembre de 1939: la camarilla nazi decidió prenderle fuego al mundo. A partir de ese día los soldaditos del mapa que tenéis arriba empezaron a moverse. El muñecote francés se las comió todas, los rusos, haciendo de las suyas en el este de Polonia, recularon noqueados arrasándolo todo (táctica de tierra quemada). Los británicos se emplearon a fondo en el aire y en el mar. Los italianos, crecidos como nadie, se llevaron tantos palos como en España, donde quedaron como unos mierdas. En fin, un baile de movimientos tras el que pronto empezaron a morir miles de personas, la mayoría inocentes.

Fuego, destrucción, intolerancia, nacionalismo, muerte. Al fin y al cabo, la vieja historia de la más que vieja Europa. Pero quién iba a decir que en esta tierra de locos íbamos a vivir más de cincuenta años de paz... Yo no lo sé. Tuvieron los capitalistas y mercaderes que olvidarse de las tierras de fortuna para hacerlo posible. Hubieron de sentarse sobre la misma mesa los que siempre tuvieron la sartén por el mango para inventar la fórmula que les hiciese maximizar beneficios sin belicismos de por medio. Paz, sí, pero a costa de qué, sin duda alguna de una mutación de la guerra contra el pobre. Ahora, toda vez que el escenario soviético se ha venido abajo, las burguesías occidentales saben que no hace falta convidar a los de abajo para que no se insubordinen. Si ya no hay revolución a que aspirar, si ya no hay enemigo detrás de esa línea roja, la cosa es más fácil. El neoliberalismo, que duda cabe, se planteaba como un jugoso futurible para todos aquellos que se repartieron el pastel de acero y carbón.

martes, 29 de marzo de 2011

Documento postparto: Documentación V, de Mary Kelly


Para esta serie de documentos, Kelly ha conservado, como si fuera un ejemplar científico, una mariposa encontrada por su hijo de 4 años. Junto a ella, ha registrado la fecha en la que el hijo le preguntó de dónde vienen los niños y una transcripción de la conversación. Ha añadido un esquema de la vagina y un índice de palabras relacionadas con el embarazo. El conjunto forma parte de la serie Documento postparto, un innovador y sumamente polémico proyecto que duró de 1973 a 1979, en el que exploró su relación con su hijo. Consta de seis secciones, en las que detalla las fases más importantes del desarrollo del niño. El tema de esta serie en forma de diario es la experiencia de la maternidad en relación con las presiones del trabajo, y habla con sinceridad de los altibajos emocionales de ver crecer a un hijo. La obra de Kelly entra de lleno en el discurso feminista de los años 70. Como profesora y escritora, ha participado en importantes debates sobre representación psicoanalítica y fotográfica.


- De El ABC del arte del siglo XX (Phaidon).

domingo, 27 de febrero de 2011

Arte y música degenerados


Los nazis iban a por todas. Y a por todos también. 1933 será recordado como el año en el que comenzó la mayor persecución del siglo XX. Estamos en Alemania. Casi nadie se escapaba. La propaganda del Partido Nazi ponía en el punto de mira a todos aquellos que pudieran suponer un obstáculo para los planes totalitarios del fascismo alemán. Comunistas, anarquistas, socialdemócratas... Judíos, negros, gitanos... Y también artistas y músicos.

Arte degenerado, así es como los jerarcas del nazismo llamaron a la producción cultural de los expresionistas. Tristemente famosa fue la exposición en la que mostraron el trabajo de un buen número de artistas de vanguardia. Pintores, escultores, arquitectos que fueron defenestrados sin remedio, algunos perseguidos hasta la muerte. Totalistarismo contra la expresión artística, pero también contra el arte como motor de cambio. Fueron los nazis los que le dieron el tiro en la nuca a la Bauhaus.


Arte degenerado y música degenerada. En el contexto de los años treinta, miles de jóvenes alemanes empezaron a amar el jazz, esa música que los nazis consideraron maldita, propia de salvajes, enemiga del espíritu sublime de los arios. Cientos de "chicos swing" fueron internados en campos de concentración. Las salas de baile fueron cerradas y los músicos de jazz tuvieron que exiliarse. Alemania, hasta entonces un país que había ayudado a la penetración de la música negra en Europa, se blindó contra la entrada de discos de jazz. Este último proceso persecutorio lo podemos reconstruir a través de la película Los rebeldes del swing.

martes, 8 de febrero de 2011

El ojo de la guerra: visiones de clase

Juan de Urbieta, soldado de Carlos V, detiene a Francisco I, rey de Francia, en la batalla de Pavía

En el siglo XIX -el siglo de la ciencia- la teorética socialdarwinista y el complejo de inferioridad de las ciencias sociales con respecto a las ciencias de la vida hizo que todo el pensamiento académico considerase la guerra entre humanos como un episodio connatural al hombre. En ese sentido, los científicos entendieron que la biogenética del homo sapiens sapiens le condenaba, ya desde un primer momento (cuando su organización social se basaba en la banda de afines), a tener que guerrear, por ejemplo, por el control de un territorio. Esta teoría, como sabemos, llevaba implícito un trasunto que no serviría sino para justificar el ejercicio imperialista de conquista del espacio vital de un pueblo (clásico de ese período de amanecer industrial).

En oposición a estas teorías sustancialistas y biogénicas se construye, ya en el siglo XX, la teoría sociohistórica del arqueólogo marxiano Gordon Childe, que articula su tesis sobre el origen de la guerra y los ejércitos sobre los ejes del crecimiento demográfico, la consolidación del regadío, el aumento del excedente, la aparición de la propiedad privada, el Estado y los ejércitos. Esta teoría, aceptada a grandes rasgos por los teóricos del ámbito libertario, se ve implementada y refutada a su vez por los anarcoprimitivistas que, más allá de lo anterior, atribuyen las actitudes belicistas no ya a la consolidación del aparato estatal-militar sino al anterior proceso de domesticación y sedentarización de algunos pueblos (por tanto, para ellos -los anarcoprimitivistas- las poblaciones cazadoras-recolectoras, que no recorrieron el itinerario anterior, serían pacíficas en esencia).

La guerra hasta el siglo XX: una aproximación a través del estudio de las clases

Durante la Edad Antigua, la guerra, como sabemos, se hizo presente con toda su virulencia en el día a día de la historia de los pueblos de todo el mundo. Numerosas naciones e imperios de la antigüedad se dotaron de un aparato militar construido sobre la base de los reclutamientos forzosos, los voluntarios profesionales y los primeros cuerpos de mercenarios de fortuna. Si bien es cierto que la base social de las tropas, como no podía ser de otra manera, estaba compuesta por el pueblo llano, en la cúspide militar se encontraban individualidades pertenecientes a la nobleza o la realeza. El mismo concepto griego de aristoi, del que proviene aristocracia (recordemos, el gobierno de los mejores etimológicamente hablando), implica una especial aptitud para la guerra y un espíritu, digámoslo así, predispuesto para la lucha. En ese sentido, la educación militar de aristócratas y nobles será uno de los ejes de la infancia de los mismos. Es por ello que ya desde temprano se establece una ligazón para ellos casi mística entre nobleza y guerra que queda certificada en crónicas y leyendas como la Iliada o la Odisea, donde son ellos, los aristoi (etimológimente los mejores), los protagonistas de una historia donde la muerte en combate es considerada connatural a la existencia del noble.

Esta mística, a su vez, es heredada por la nobleza y la realeza medieval y queda plasmada, como sabemos, en la historia del arte a través de la potente iconografía de guerra bajo la cual son representados habitualmente emperadores, reyes y nobles, para los que, en última instancia, la guerra es su oficio de sangre. Por ello, y más allá de generalizaciones, no era inusual que reyes y nobles se dejaran la vida o fueran apresados en el campo de batalla.

Sin embargo, el triunfo del liberalismo y la llegada al poder de la burguesía implica un cambio considerable en la relación de la clase gobernante con la guerra y el ejército. La burguesía, ajena a la tradición belicista de la nobleza, aparta del campo de batalla a sus miembros y deja que la carne de cañón proletaria inunde los campos de batalla sin el acompañamiento de los hombres de poder del Estado. Retratos de gabinete, placenteramente perfectos, y sistemas de contribución diferenciados (los burgueses aportan dinero a los ejércitos mientras los pobres aportan vidas), sustituyen con el tiempo a la iconografía guerrera y la ideología de clase que asociaba el uso de las armas al hecho de ser noble.

La clase cobarde engrasa la maquinaria: el nacionalismo contra la clase obrera

Recluida la burguesía en sus salones de té, la maquinaria belicista necesita engrasarse con una ideología que, por un lado, sirva de soporte al proyecto imperialista connatural al desarrollo de la revolución industrial (necesitada de nuevos mercados y materias primas) y, por otro, frene el imparable avance de un movimiento que podría arrasarlo todo: el internacionalismo obrero.

La trampa nacionalista, tendida con maestría por los artesanos del poder mediático y sentimental de los gobiernos, se anticipa al definitivo estallido de la lucha apátrida y ofreciéndole bocado a la socialdemocracia, por entonces entregada a los brazos de la pequeña burguesía, permite que la hermandad obrera por encima de fronteras y banderas (a la que sólo apelan los anarquistas) se rompa en mil pedazos y facilite la derrota, en muchos sentidos, de una clase trabajadora entregada a una lucha que no es la suya. Como advertían los teóricos fascistas, la guerra de guerras -guerra de clases versus guerra de razas- la acabaría ganando esta última, y en esas andamos...

La paz como meta: en guerra contra la violencia del sistema

Más allá de la mística de la violencia, que tiene mucho que ver con la construcción de legitimidades que apestan en más de un sentido a vanguardismo y diferenciación (como veíamos antes en el que caso de la nobleza), los anarquismos han de preguntarse desde la sinceridad de sus diversidades hasta qué punto es posible una solución pacífica al problema de la violencia, la guerra y los ejércitos... Sin entrar en discursos manidos o insípidos por su falta de seriedad, sería conveniente que el movimiento anticapitalista empezara a pensar de una vez por todas en la mejor forma de reeditar ese movimiento terrorífico para el orden de la injusticia que fue el internacionalismo. Bajo nuestro punto de vista, la guerra a la guerra (que es el sistema) pasa por una actualización de aquellos presupuestos que nos hicieron amenazantes: la lucha contra el Estado y el capitalismo y la construcción de nuevas solidaridades capaces de unir a los de abajo independientemente de cual sea nuestra patria, idioma o color de piel.

- Este artículo lo publiqué en el número 243 de la publicación libertaria Tierra y Libertad, vocera de la FAI. Ahora lo publico aquí con ligeras modificaciones.

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