miércoles, 29 de julio de 2009

Situacionismo y movimiento punk

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En este vídeo, que no llega a los diez minutos, se repasa la relación existente entre el situacionismo, una corriente de pensamiento que se transversaliza desde el mundo del arte hasta la praxis política, y el movimiento punk, que, como sabéis, surgió en Gran Bretaña en la decada de los 70. Es interesante saber, y profundizaremos en otras entradas a propósito del tema, que los situacionistas estuvieron en los cimientos de lo que luego sería el mayo del 68 francés, que, como insistiremos, fue mucho menos espontáneo de lo que nos quieren hacer creer, y los situacionistas tenían mucho que ver en ello.

domingo, 26 de julio de 2009

sábado, 25 de julio de 2009

Autonomía obrera, un primer acercamiento

¿Autonomía Obrera? ¿Un par de palabras? No señor. ¿Qué demonios es entonces Autonomía Obrera? Este documental lo explica brevemente. La autonomía obrera es una corriente del pensamiento político socialista que bebe tanto de la sospecha con respecto al dirigismo reformista de los partidos políticos y sindicatos del anarquismo, como de la necesidad de dotarse de un discurso interpretativo y propositivo totalizante (el marxismo, sí, pero un marxismo crítico).

Los autónomos, a nivel de liderazgo intelectual, siguen a teóricos como Anton Pannekoek y, en menor medida, asumen toda la teoría de los consejos obreros de raiz trotskista y luxemburguista. Básicamente, autonomía obrera perseguía la organización de los trabajadores a través de asambleas soberanas independientes de partidos políticos y sindicatos. Esas asambleas serían el germen político revolucionario, antagonista, que serviría de contrapoder en la sociedad capitalista, y que sentaría las bases políticas de la sociedad socialista.

En España, como en toda Europa a finales de los 60 y principios de los 70, se desató una explosión de huelgas y luchas obreras en las que la corriente autónoma tuvo mucho que decir. De esas luchas hablaremos en otras entradas.



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viernes, 24 de julio de 2009

A propósito de la Bauhaus

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Decíamos que Hannes Meyer había sido el segundo director de la Bauhaus. Ahora cuelgo un video a propósito de la escuela de arte alemana. Siempre que leo algún libro sobre esa escuela pienso que hubiera sido genial estudiar allí. Bueno, al menos en la fotos los alumnos salen siempre sonriendo, como si ya supiesen de la suerte que suponía para un joven estudiante empezar a formarse allí, rodeado de compañeros (y compañeras) apasionados por el arte, aprendiendo de profesores de la talla de Kandinsky, disfrutando de unas instalaciones que ya de por sí eran revolucionarias. ¡Qué suertudos estos modernitos!

sábado, 18 de julio de 2009

Hannes Meyer, el director maldito


Pregúntale a un estudiante de historia del arte que te diga quiénes fueron los directores de la Bauhaus... Casi con toda seguridad recordará al fundador, Walter Gropius, y casi con toda probabilidad te dirá que Mihes van der Rohe, el arquitecto holandés (reconvertido a estadounidense) también pasó por allí. Pero quizá no sepa que entre ambos, un comunista, Hannes Meyer, ocupó ese lugar, siendo también director de la Bauhaus, la escuela de arte que motorizó la historia del arte europea.

Hannes Meyer pretendió que la Bauhaus se transformase en una fábrica de ideas-herramienta al servicio de los trabajadores, de las clases populares alemanas. Intentaba poner todos los avances del diseño y la arquitectura al servicio del conjunto de la población. Claro, fue defenestrado. Claro, se acuerda poca gente de él. Siempre me pareció un tipo interesante. Radicalizó la vida política de la escuela y le echaron por combatir el apoliticismo (la normatividad burguesa) de la Bauhaus. Las presiones fueron demasiado fuertes y duró poco, apenas dos años, pero dejó huella, una huella profunda, y un montón de seguidores que admiraron su compromiso y su falta de mesura a la hora de transformar en realidad sus premisas político-estéticas. Un tipo a quien recuperar.

Anarquismo y lucha armada




Jazz, un espíritu libertario


"A partir de la década de los 20 el jazz tomó una actitud combativa y de solidaridad con el movimiento obrero, y en contra de la segregación racial, por lo menos algunos de los músicos así lo manifestaron, denunciando las atrocidades en contra de los dos obreros anarquistas, Sacco y Vanzetti, que injustamente eran juzgados por el Estado de Massachussets. En más de una ocasión, trompeta y saxofón acompañaron los mítines de protesta, reunieron fondos y exhortaban a sumarse a la campaña de los anarquistas presos. En algunas huelgas que eran asesoradas por los IWW (Industrial Workers of the World, sindicato revolucionario), las bandas de Jazz estimulaban la lucha, como en la huelga general de la General Motors de 1937, en donde una orquesta de jazz tocaba canciones, y luego se mezclaba entre los obreros para seguir protestando. Louis Armstrong, que en 1964 vendía más discos que los Beatles, públicamente manifestó su total desacuerdo con las políticas del gobierno del Tio Sam, diciéndole en un concierto, mientras hablaba en contra del racismo: el gobierno norteamericano puede irse al infierno".
Imagen de Paul Robeson, músico de jazz anarco-comunista.

Ricardo Mestre, el bibliotecario anarquista

RICARDO MESTRE

(Vilanova i la Geltrú, Barcelona, 1906 – Ciudad de México, 1997)

Autodidacta, aprendiz en un telar, a los 13 años es detenido en una reunión clandestina y a los 16 organiza un mitin anarquista. Peón en el metro de Barcelona, chofer, vendedor de prensa. En 1932 toma parte en la constitución de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) y dos años más tarde ingresa en la Federación Anarquista Ibérica (FAI). En esos años se inicia en la siembra de la idea por medio de la edición: director del periódico Catalunya y promotor de Terra Lliure.

Durante la guerra Vilanova se rige por medio del Comité de Defensa Local. Mestre dirige el Boletín Oficial de la localidad y ejerce como juez de paz: oficia casamientos, gestiona divorcios, normaliza la administración de justicia. “Cuando yo marché al frente no lo hice como soldado. Yo era un maestro, desarmado desde luego, porque era enemigo de la pena de muerte”.

Tras su paso por el campo de concentración de Argelès, llega a Veracruz (México) con dieciséis pesos y una guerra perdida. A los meses ya está editando el primer libro (Éxodo, diario de una refugiada española, de Silvia Mistral, su compañera) de los más de doscientos que publicaría en México: entre otros, la primera edición en español de El tesoro de Sierra Madre de Bruno Traven, la primera edición de Canciones de la Guerra Civil española de Pedro Garfias y los libros de su admirado teórico anarquista Rudolf Rocker, como Nacionalismo y cultura. Impulsa las revistas Estudios Sociales y Caos. Ya muy mayor funda en su propia oficina la Biblioteca Social Reconstruir, que hoy, veinte años después, sigue sembrando la idea en México.

- Varios Autores: Biblioteca en guerra. Madrid: Biblioteca Nacional, 2005, p. 448.
- Dirección web de la Biblioteca Social Reconstruir http://www.libertad.org.mx/

Una visión diferente del progreso, de David Noble


Hace poco tuve la oportunidad de leer el libro de David F. Noble titulado Una visión diferente del progreso, de Alikornio Ediciones. Para los que hemos estudiado (por decir algo) historia es gratificante ver como gracias a autores como John Zerzan o David Noble se empieza a arrojar una luz distinta sobre el movimiento luddita.

Estos dos autores, enfrentándose a la historiografía marxista que nos decía que los ludditas, los destructores de máquinas, no eran sino unos “locos descerebrados con muy buenas intenciones”, nos resitúan a los trabajadores antimaquinistas en su contexto y nos dan las claves para ver con otros ojos la valiente y estratégica radicalidad de su protesta. En este sentido, y bajo la mirada, sobre todo de Noble, escasa de prejuicios y atenta de estos dos investigadores, el movimiento luddita cobra nuevas dimensiones, apareciendo así como una marea espontánea de radicalismo asambleario que, por un lado, choca violentamente contra patrones, policías y militares británicos y, por otro, desenmascara a líderes advenedizos y políticos progresistas más interesados en recuperar para el capital la protesta que en apoyar sin condiciones las demandas de los trabajadores.

Una nueva visión que, vertiendo luz sobre las sombras de las historiografías maduras, se encarga de poner sobre la mesa las características fundamentales que estructuraban todo este movimiento y que no eran sino las siguientes:

1) La violencia sistemática contra los telares y maquinarias que les arrebataban el empleo y deshumanizaban sus modos de vida tradicionales, indisolublemente ligados a la vida del taller, donde los trabajadores tenían mucha más capacidad de controlar la producción y los ritmos de trabajo que en la fábrica mecanizada.

2) La acción directa y la horizontalidad asamblearia que les enfrentó a los líderes obreros pactistas y políticos de los que hablamos antes (y supuestamente interesados en hacer oír la voz de los antimaquinistas).

3) El federalismo espontáneo que les llevó a la coordinación de acciones ofensivas (quema de telares, sabotaje premeditado de fábricas y maquinarias, etc.) y defensivas (autodefensa armada contra las tropas del gobierno enviadas a sofocar la rebelión).

Tres características que, como decíamos, estructuraron un movimiento que logró mantener en jaque a todo un ejército fogueado en mil guerras coloniales y que no pudo ser derrotado sino mediante la estrategia recuperadora del gobierno; una estrategia que pasó por la legalización de los sindicatos obreros y la infiltración policial, y a la que, no lo olvidemos, se le sumó una campaña represiva sin precedentes que condujo a la muerte y el exilio a miles de trabajadores y trabajadoras.

Así, ¿quiénes son los ludditas en pleno siglo XXI? Parece que ya no tanto esos locos de los que nos hablaban las miríadas de historiadores que se hacían eco de la voz de Hobsbawn y compañía. Radicalidad estratégica, acción directa y federalismo parecen estar en la base del movimiento antiautoritario de ahora y de siempre, abuelos así, o eso nos parece, de la primera AIT, el anarquismo de clase, el movimiento autónomo y, como reconoce el Zerzan, el mismo primitivismo.
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